Los efectos de la contaminación antropogénica

Los efectos de la contaminación antropogénica

Tarde cualquiera de la nueva normalidad. Visto que los pantalones que me compré el verano pasado han decidido no pasarme de la cintura, he tomado la decisión de empezar a hacer deporte. Lo sé, vosotros pensaréis, dónde va éste que no sabe ni cómo se pone el chándal a intentar correr 5 km. Pues sí, amigos, nunca es tarde para atender a la llamada runner, así que ataviado con la camiseta de las fiestas del pueblo de hace 2 años y unos pantalones medio elásticos de cuando iba al instituto –los únicos que actualmente me vienen y que cuentan con dos líneas blancas horteras a sendos lados del camal–, me he lanzado a realizar mi primer contacto con eso de “correr”.

Tras diez minutos de arduo sufrimiento, entre exhalaciones confusas, densas gotas de sudor y manifestaciones explícitas de dolor me paro en mitad del camino para intentar realizar la mayor ingesta de oxígeno posible. Los bronquiolos se expanden, y creo poder llegar a escuchar como el recubrimientos cartilaginoso emite un pequeño “crack”. Mientras me quito las gafas, y limpio la visión borrosa con el antebrazo, empiezo apreciar unas pequeñas manchas azules repartidas por el suelo, ¿acaso estoy sufriendo un ataque de hipoxia? Pero no, tras volver a ponerme las gafas sobre la nariz, un mar de mascarillas y guantes aparecen ante mí desparramados por el suelo. Viendo el panorama, tan solo una pregunta se formula en mi mente: ¿Cómo podemos ser tan guarros?

La repercusión de los humanos en el planeta

Durante el confinamiento hemos podido ver como las aguas cristalinas cargadas de peces volvían a los canales de Venecia, los ciervos retomaban las ciudades en China y los puertos amanecían repletos de delfines. Tras observar todos estos sucesos, cabe realizarse una pregunta, ¿influye tanto la especie humana en el planeta para condicionar todos estos fenómenos?

Para responder a esta cuestión me gustaría citar a uno de los autores que más gastaremos en esta página a lo largo de los artículos, Yuval Noah Harari, doctor en Historia por la Universidad de Oxford y profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Quizás algunos de vosotros conozcáis a Yuval por su best seller, Sapiens. De animales a dioses, sin embargo, hoy me gustaría hablar de otro de sus libros, Homo Deus. Una breve historia del mañana. En esta obra, donde el doctor hace una reflexión sobre el futuro de la especie humana, dedica un capítulo entero a explicar la influencia que el Homo sapiens está teniendo en la época actual y cómo su actividad está influyendo sobre el resto de especies y los procesos globales que rigen la naturaleza. El autor titula este capítulo como Antropoceno, y en él explica entre otros conceptos, cómo hemos modificado el resto de especies a nuestra voluntad, e incluso hemos seleccionado la abundancia de unas y a otras –de hecho, actualmente, los animales de compañía son los que más representación tienen a nivel global porque han sido distribuidos por los humanos–.

¿Qué es el Antropoceno?

El concepto Antropoceno no fue inventado por Yuval Noah, sino que fue gastado por primera vez en el año 2000 por el premio Nobel de Química, Paul Nutzen, quien lo definió como una nueva era geológica que ocupa los últimos siglos, donde la influencia de los humanos ha sido significativa. Dentro de los productos que se generan de esas actividades hay que hablar de la contaminación que se produce, contaminación antropogénica, y de cómo ésta ocupa la naturaleza, apelando a un nuevo término, la basuraleza.

Contaminación mar

¿Cómo definimos la contaminación antropogénica?

Siempre que hablamos de contaminación antropogénica, es difícil saber cómo describirla, puesto que nuestros actos no tienen tan solo efectos a nivel local, sino que como especie, modificamos nuestro entorno a nivel global. Es difícil, por tanto, realizar un listado exhaustivo de dónde y cómo el ser humano está contaminando, ya que muchas veces, esa contaminación no es tan fácil de observar y cuantificar como lo son los guantes y mascarillas en un camino. Sin embargo, lo que sí que apreciamos, y cada vez más pronunciadamente, son los efectos de esa contaminación antropogénica.

Los ONG Wildlife World Foundation publicó en 2018 el Informe Planeta Vivo. 2018: Apuntando más alto. En la introducción de este informe, la propia asociación hace hincapié en el término Antropoceno y vuelve a alertar de la gravedad que nuestros actos están teniendo en la biodiversidad planetaria y en los procesos ecosistémicos. Así mismo, WWF marca cuatro puntos a tratar relacionados con la interacción de la especie humana y su entorno:

  1. ¿Por qué es importante la biodiversidad?
  2. Amenazas y presiones
  3. Biodiversidad en un mundo cambiante
  4. ¿Cuál es el futuro que queremos?

En este caso, nos vamos a centrar en el apartado 2, y de forma casi simbólica, en el apartado 4.

Efectos de la contaminación antropogénica: amenazas y presiones

Entender que los sistemas naturales de la tierra juegan un papel determinante en el sustento de nuestras modernas sociedades es un proceso crítico que debemos interiorizar para poder conseguir un futuro sostenible. Actualmente, y con el régimen de explotación que realizamos de los recursos naturales y la mala gestión de los residuos generados de dicha actividad, desencadenamos una serie de sucesos de destrucción de hábitat y biodiversidad que distan mucho de dicho objetivo. Algunas de las actividades referidas son:

  • La sobreexplotación y actividad agrícola impulsada por un consumo desmedido
  • La degradación del suelo
  • La pesca excesiva y la contaminación por plásticos que amenazan nuestros océanos
  • La explotación de energías no renovables, como puedan ser los combustibles fósiles
Devastación bosque

Efectos de la contaminación antropogénica: ¿cuál es el futuro que queremos?

Para finalizar, cabe hacer hincapié, en este último apartado. La ONG denuncia en este punto, que a pesar de los múltiples acuerdos internacionales existentes y la amplia investigación, se necesita ser más ambicioso a la hora de disminuir los efectos la contaminación antropogénica y las repercusiones que estos tienen en la biodiversidad.

Sin embargo, en este apartado a mí me gustaría hablar de la responsabilidad que como ciudadanos tenemos respecto de nuestro medio natural. No es ningún magnate millonario y despiadado el que se dedica a lanzar guantes y mascarillas en los paseos de nuestras localidades, ni es tampoco el responsable de no reciclar los residuos que generamos en casa y depositarlos todos en el contenedor orgánico. No podemos despersonificar el papel que jugamos en la protección global. No debemos alienarnos de los efectos generados por nuestros actos. Será solo de forma colectiva, con una consciencia global y unida, como podremos detener los efectos de los de la contaminación antropogénica.

Bibliografía: