El Homo ergaster y el Homo erectus: del Homo trabajador al Homo erguido

» Descubre las características de estas dos nuevas especies en nuestra serie sobre evolución humana. ¿Qué relación existía entre estos dos homínidos? ¿Qué regiones habitaban? ¿Cuáles son sus rasgos identitarios?

Homo erectus

Cuando nos adentramos en el apasionante mundo de la evolución humana, descubrimos lo complicado y difícil que puede resultar trazar una línea que nos muestre nuestro progreso como especie. A veces nos puede recordar a una emocionante novela en la que van apareciendo primos, hermanos no reconocidos, familiares que después no lo son, etc. Y es que en el estudio de la evolución nada es seguro, porque un nuevo hallazgo nos puede forzar a reescribir toda nuestra historia en cuanto a especie. En este artículo hablaremos sobre dos Homo que han generado, y continúan generando, un gran debate en la comunidad científica: el Homo ergaster y el Homo erectus. La teoría predominante es la que contempla que el H. ergaster es el antepasado del H. erectus. Por ello, actualmente se considera que ambos son especies diferentes, a pesar de que hay autores que afirman que el H. ergaster es un H. erectus temprano, siendo, a pesar de sus diferencias, la misma especie. Además, el H. ergaster fue el primer homínido en salir del continente africano, por lo que, aparentemente, se denomina H. ergaster a los ejemplares africanos originales, y H. erectus a todos sus descendientes hallados en otras zonas.

Homo ergaster: hábitat y características

Algunos autores afirman que este Homo debería ser considerado el primero de su género, dejando fuera al H. habilis y al H. rudolfensis. Esta tesis continúa siendo debatida, pero se basa en el hecho de que los registros fósiles nos muestran que el H. ergaster poseía unas medidas esqueléticas y dentales –masa corporal, proporciones corporales, longitud de las piernas, y cambios en la mandíbula, entre otros– que reflejan un estilo de vida más similar al de los humanos actuales, características que los anteriores Homo no poseían. Además, como ya hemos comentado, el Homo ergaster supuso un eslabón necesario para el desarrollo del Homo erectus, así como del Homo antecessor.

El Homo ergaster fue un homínido que habitó en África hace unos 1.9 – 1.5 millones de años. Los primeros restos fueron hallados en 1975 en Koobi Fora, Kenia. Años más tarde, en 1984, fue descubierto el niño de Nariokotome, un esqueleto casi completo de un individuo de 11 años aproximadamente –ya que actualmente continúa siendo difícil determinar la edad con certeza– con una antigüedad de 1.6 millones de años, también en Kenia.

Los yacimientos encontrados nos indican que este homínido habitó en lo que actualmente son Etiopía, Kenia, Tanzania y Eritrea. Se cree que fue el primer homínido en abandonar el conteniente africano. Así pues, parece ser que primero se expandió por África, expandiéndose posteriormente por Eurasia.

Sus principales características fueron:

  • Eran robustos, con una estatura entre 1.4 – 1. 8 metros, y un peso estimado de 50 – 70 kg.
  • Piernas alargadas y bípedos con una facilidad limitada para trepar. Estas características ya se asemejan a las propias del H. sapiens actual.
  • No se aprecia un gran dimorfismo sexual, como ocurría al contrario con los Australopithecus.
  • Una mandíbula más reducida que la del H. habilis. Esto sugiere un cambio dietético importante.
  • Un crecimiento cerebral, hasta 880 cm3.
Cráneo de Homo ergaster
Cráneo de Homo ergaster

Homo ergaster: cultura y relación con otros homínidos

En el anterior artículo hablamos de cómo en el Homo habilis ya se empezaban a apreciar ciertas manifestaciones culturales importantes, como la industria lítica, así como las implicaciones sociales de las adaptaciones biológicas, como era la reducción del canal de parto y, progresivamente, una prolongación de las etapas juveniles de las crías. Ambas manifestaciones también se continuarán observando en posteriores homínidos, como en el H. ergaster. Sin embargo, en este homínido interesa destacar otra cuestión que tiene gran relevancia: los cambios en la mandíbula.

Sabemos que los anteriores homínidos eran omnívoros, más bien, carnívoros oportunistas. A pesar de incluir el consumo de carne en su dieta, no suponían cantidades relevantes. En el caso del H. ergaster, el registro fósil nos sugiere lo contrario. Parece ser que en esta especie se dio un gran cambio dietético y, además, gracias al hallazgo de ejemplares jóvenes, podemos deducir que se dio una tendencia hacia un periodo prolongado de crecimiento y desarrollo, característica que continuamos observando en el ser humano actual. Hemos visto que el tamaño de los individuos era mayor que el de anteriores homínidos, y esto supuso que necesitaban de mayores requerimientos nutricionales. El consumo de carne aumentó notablemente a comparación con anteriores homínidos, sin embargo, esto no implica que todas las necesidades nutricionales fueran suplidas únicamente gracias a la introducción del consumo de carne, también consumían con probabilidad invertebrados, miel, semillas y nueces. Diferentes estudios constatan que una dieta alta en consumo de carne sería imposible para estos homínidos, tanto por cuestiones ambientales como digestivas.

En cuanto a su organización social, diferentes estudios apuntan a que en los H. ergaster ya se apreciaban amistades macho-hembra, un aumento de la filopatría, el cambio de posturas competitivas a colaborativas y la caza cooperativa entre machos. Parece ser que ya habitaban en pequeños grupos organizados. Además, se especula que ya se dieron pequeños indicios de lo que posteriormente sería la división sexual del trabajo.

Además, ya comentamos en el anterior artículo que una de las hipótesis que se barajan alrededor del origen del H. ergaster es su posible filiación con el H. habilis, el cual sería su antecesor. Sin embargo, esta teoría continúa siendo debatida e investigada. Del H. ergaster evolucionarán dos especies más: el Homo erectus, del cual hablamos también hoy, y el Homo antecessor, de gran importancia y que abordaremos en el siguiente artículo.

Homo erectus: hábitat y características

Como ya sabemos, actualmente se acepta la teoría de que el H. erectus es una especie diferente al H. ergaster. Habitó hace 1.8 millones de años hasta hace 300.000 años, momento de su extinción, en Asia oriental (China e Indonesia). Gracias a los yacimientos hallados sabemos que fabricaban herramientas de piedras y cocinaban, lo que implica una domesticación del fuego.

Se contempla que existen diferentes subespecies de este homínido, aunque continúa siendo una cuestión estudiada y debatida: H. erectus erectus, H. erectus pekinensis, H. erectus soloensis, H. erectus lantianensis y H. erectus yuanmouensi.

Sus principales características fueron:

  • Cuerpo robusto y bípedo, similar al del humano actual. Medían entre 1.4 – 1.8 m.
  • Gran variabilidad entre los individuos. Los diferentes fósiles ponen de manifiesto la diversidad existente, lo que dificulta su clasificación taxonómica.
  • Mayor capacidad craneal que el H. ergaster, entre 750-1.300 cm3.
  • Uso de herramientas, encontrándose diferentes técnicas en yacimientos aislados: olduvaiense, achelense y choppers.
Cráneo de Homo erectus
Cráneo de Homo erectus

Homo ergaster: cultura y relación con otros homínidos

La principal peculiaridad a destacar del H. erectus es que, aparentemente, fue el primer homínido en manipular el fuego sin temor. Esto le permitió cocinar, así como calentarse y ahuyentar a depredadores. Diferentes autores apuntan a que al uso y domesticación del fuego se hallan ligados a algunas modificaciones morfológicas, como la reducción de la mandíbula. Gracias a la cocción, se dio una reducción del tiempo de masticado de los alimentos, lo que produjo un aumento del tiempo libre para dedicar a otras actividades, como la producción de herramientas o la recolección. Por otro lado, su uso también habría supuesto importantes cambios a nivel social, como puede ser el hecho de reunirse alrededor del fuego para cocinar, cuestión que incrementaría la capacidad de comunicación entre ellos individuos. Además, en la posibilidad de cocinar los alimentos surgió, probablemente, lo que hasta hoy en día reconocemos como la división sexual del trabajo.

Existieron diferentes subespecies y comunidades de H. erectus, extinguiéndose cada una en diferentes periodos. Se contempla que pudo coexistir con el H. sapiens arcaico en algunos territorios y que pudieron darse encuentros esporádicos, pero que posteriormente, fue la presión del H. sapiens la que llevó a estos homínidos a su extinción.

Bibliografía:

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  • Wrangham, R. (2009). Catching Fire. How cooking made us human. Basic Books, New York.