Homo sapiens: nuestro destino final, por el momento

» Descubre con nosotros el final de la serie de antropología evolutiva: Homo sapiens. ¿Cómo se originó nuestra especie? ¿Qué misterios nos quedan por descubrir? ¿Somos tan diferentes de otros Homo?

Homo sapiens

A lo largo de estos artículos hemos estado hablando sobre los principales homínidos que nos han ayudado a comprender qué es eso que llamamos hominización. Estos últimos años están siendo especialmente convulsos: una pandemia mundial atraviesa todos los campos de nuestra vida, y la ciencia no se escapa de esta trágica situación. Sin embargo, esta crisis mundial no ha frenado el avance de diferentes ciencias, como es el caso de la paleoantropología. Estas últimas semanas se está hablando mucho sobre el hombre dragón de China, recientemente bautizado como Homo longi, y del Homo de Nesher Ramla, en Israel. Probablemente ambos homínidos tienen mucho que contar y enseñarnos sobre nuestra propia especie. En anteriores artículos, como Los denisovanos: ¿quiénes fueron realmente?, ya hablamos sobre la hibridación que hubo entre diferentes homínidos, hibridación que aparentemente era común entre estos. Fueron muchos los homínidos que habitaron nuestro planeta en el mismo momento que lo hicimos nosotros, los sapiens. Podríamos hablar del H. luzonensis, H. floresiensisy H. longi, entre otros. Todos ellos, probablemente, nos podrían contar fascinantes historias que nos ayudarían a comprender por qué nosotros somos como somos. Pero hoy no vamos a hablar sobre ellos, sino sobre nosotros.

Quizás alguien puede pensar, ¿es necesario hablar sobre el H. sapiens? Nos conocemos y reconocemos de sobra, ¿no? Podemos tener la piel más oscura o más clara, diferente pigmentación en los ojos, dos sexos gonadales e incluso hablar diferentes lenguas. Nos conocemos muy bien, es cierto, ¿pero nos conocemos lo suficientemente bien? ¿Cómo hemos llegado a ser quienes somos en el s. XXI? Si bien en el caso de algunos homínidos, ya modernos, hablábamos de la posibilidad de existencia de manifestaciones y expresiones culturales, en el caso del Homo sapiens no hay duda: somos animales culturales, pero ¿qué implica esto exactamente? Si nuestros lectores me permiten la licencia, vamos a empezar con este artículo, al que le daremos un enfoque diferente a los anteriores, pues esta primera saga de antropología evolutiva está llegando a su fin.

Origen y características del Homo sapiens

En cuanto al origen del ser humano, existen diferentes teorías que postulan cuál fue su origen. La mayor parte de la comunidad científica apoya la teoría desde África o fuera de África (outofAfrica), según la cual los humanos anatómicamente modernos evolucionaron en África y posteriormente se expandieron al resto de continentes. Actualmente está tomando fuerza la teoría que defiende que no hubo una única salida de H. sapiens modernos, sino que se dieron diferentes salidas de África por parte de H. sapiens modernos, que se fueron cruzando con humanos arcaicos que habían emigrado anteriormente en diferentes partes del planeta. Por último, la hipótesis multiregional, si bien ya parece hallarse desfasada, sugiere que anteriores homínidos emigraron de África y, ya fuera de África, evolucionaron a nuevas especies, expandiéndose por nuevos territorios.

Los primeros restos fósiles que presentan características anatómicamente modernas -cráneo redondeado, esqueleto ligero y esbelto- fueron hallados en el río Omo (Etiopía), con una datación aproximada de 195.000 años. En cuanto a la dispersión del H. sapiens por el continente europeo, los restos hallados en Bacho Kiro (Bulgaria) son los más antiguos y datan entre 46.000 y 44.000 años. De este modo, se puede concluir que, probablemente, el H. sapiens llegó a Oriente Medio hace unos 50.000 años y posteriormente se dispersó por Europa y Asia Central.

En el campo de la genética poblacional se ha progresado mucho en el estudio de nuestra especie y otros homínidos gracias al ADNmt y del cromosoma Y. Estos estudios, si bien su aplicación es compleja, nos han permitido conocer dos aspectos relevantes: cuando habitaron nuestros primeros ancestros comunes. Estos ancestros han sido bautizados con dos nombres sugerentes: Eva mitocondrial y Adán cromosómico. De este modo, parece que la Eva mitocondrial tiene una antigüedad de 200.000 años y habitó en África. Debido a que el ADNmt se transmite únicamente por vía materna, su estudio nos ha permitido hallar a la primera mujer sapiens. La Eva mitocondrial es la raíz de la que convergen los linajes maternos de los habitantes actuales del planeta. Por otro lado, el estudio del Adán cromosómico es más complejo. Este se basa en el estudio del cromosoma Y, cromosoma responsable de transmitir el gen que determina el sexo masculino, rastreando sus diferentes variaciones y modificaciones. Aparentemente, su origen es similar al de la Eva mitocondrial, unos 200.000 años, aunque ligeramente más tardío.

Dispersión de Homo sapiens

Cultura: rasgos identitarios del Homo sapiens

Y ahora nos adentramos, quizás, en una de las cuestiones más complicadas del ser humano: nuestra dimensión cultural. Nadie puede negar que los humanos somos culturales, desde el lenguaje hasta el arte e, incluso, la ciencia representan un sistema de creencias. No vamos a entrar aquí en un debate sobre la realidad y la metafísica, ni sobre epistemología o gnoseología. Ahora bien, que nos podamos cuestionar estas cuestiones y la validez de estos enunciados ya es, de nuevo, una manifestación cultural, entre otras. Por el momento no hemos visto ningún otro animal que debata sobre cuestiones similares con sus congéneres.

Cuando hablábamos de otros homínidos, mencionamos algunos rasgos que podían ser considerados como culturales, debido a su intencionalidad y simbolismo. Si entendemos como cultura la transmisión de herramientas y técnicas entre diferentes miembros de un grupo, la cultura humana no es la única, sino que otras especies manifiestan ciertas características culturales, como es el caso de los chimpancés y los cuervos -vaya forma de romper con el antropocentrismo imperante en nuestra sociedad. Ahora bien, si algo caracteriza al ser humano y le es único es su compleja cultura, simbolismo y sistema de creencias. No debemos caer en el error de entender como cultura una ópera, una obra de teatro, música o literatura, lo que Bourdieu llamaría capital cultural. La cultura lo es todo. Como dijo Tylor, entendemos por cultura “aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre.” Desde luego, en esta definición Tylor, uno de los padres de la antropología cultural, no dejó ningún cabo suelto. Por ejemplo, las referencias a una Eva y un Adán en el campo de la genética es un claro ejemplo de cómo nuestro contexto, cultura y sociedad nos moldea e, incluso, nos sesga. Quienes bautizaron a estos dos individuos como Eva y Adán son hijos de una larga tradición occidental.

Evolución humana

A lo largo de este artículo hemos visto cómo la naturaleza nos hizo prácticamente hermanos, sin embargo, posteriormente las diferentes culturas nos convirtieron en extraños y enemigos, ya fuese por la competencia de recursos, diferencias físicas o estamentos y grupos sociales. Estos hechos no son biológicos, no vienen dados por nuestra naturaleza, sino que son resultado de dos procesos diferentes pero simultáneos: el de hominización y el de humanización. Uno sin el otro no serían nada o, en caso de ser algo, el resultado no sería el ser humano tal y como lo conocemos. Llegados a este punto nos cabe preguntarnos, ¿y cómo nos influye nuestra cultura? ¿Por qué a pesar de ser prácticamente idénticos genéticamente seguimos sin reconocernos como tal? Para dar respuesta a estos interrogantes deberíamos hablar de cultura y antropología sociocultural.

Bibliografía:

  • Harris, M. (1990). Antropología cultural. Madrid: Alianza Editorial
  • Sanz, V. C. (2020). Adán y Eva. Una antropología darwinista. Éndoxa, (46), 291-310.
  • Stringer, C. (2016). The origin and evolution of Homo sapiens. Philosophical Transactions oft he Royal Society B: Biological Sciences, 371(1698), 20150237.