Simbiosis: ¿qué es y qué tipos existen?

Relación mutualista entre un tiburón y los peces que le acompañan

Simbiosis, mutualismo o depredación. A menudo, la lluvia de conceptos que aparecen en nuestros apuntes se difumina y entremezcla como si de una corriente de agua se tratara. La confusión de los mismos, o el mal entendimiento, nos conducen inequívocamente al equívoco, y nos recuerdan que aun nos queda mucho por aprender.

Querido lector, hoy notarás que la lírica que mece estas palabras no es la misma que nutre el resto de artículos, que el pálpito que pulsa sus dígitos es diferente, pero la ocasión lo merece, y me permito involuntariamente abandonarme al estilo narrativo. Tan solo hoy, puntualmente, para hablarte, para hablaros, de las relaciones entre los seres vivos. Pero lo abandono de momento, lo recuperaré en la conclusión, pasemos ahora de los que nos ocupa: la simbiosis.

Simbiosis o la mala definición de una relación cercana

Los que ya naveguéis por estos mares del saber biológico conoceréis o os serán próximos los términos que a continuación intentaremos definir. Sin embargo, observaréis con grata sorpresa que muchos de estos no eran como concebíais. Para aclarar nuestras dudas acudiremos a uno de los libros que mejor respuesta puede proporcionarnos en el ámbito de la ecología; Ecology: from Individuals to Ecosystems de Michael Begon, Colin R. Townsend y John L. Harper.

Seguramente, cuando os hable de simbiosis en la cabeza de muchos surgirá la idea de una relación muy cercana donde ambas partes consiguen un provecho común. Esta suele ser la definición que en muchos manuales se da y que se transmite generación tras generación. Sin embargo, si acudimos al libro anteriormente referenciado, encontramos lo siguiente:

Symbiosis (‘living together’) is the term that has been coined for such close physical associations between species, in which a ‘symbiont’ occupies a habitat provided by a ‘host’.

Como podréis observar, los autores de este libro definen la simbiosis simplemente como una relación muy cercana donde encontraremos un simbionte que ocupará el hábitat proporcionado por un hospedador. Sin embargo, los autores se abstienen de matizar el carácter de dicha relación. En ningún momento se aprecia si este comportamiento debe de ser positivo para ambos, o negativo, o positivo para uno y negativo para otros. Por tanto, ¿a qué término corresponde la definición que nuestras mentes habían generado?

El mutualismo, según estos autores, serían las interacciones llevadas a cabo por diferentes especies en busca de un beneficio mutuo. Esto no precisa de una relación estrecha, si no que se puede tratar de un intercambio de servicios o productos mediante el cual ambas especies salgan ganando. Un ejemplo sería el pez piloto (Naucrates ductor) que acompaña a los tiburones para comer de sus restos y desparasitarlos. Por tanto, una relación mutualista no tiene el porqué ser una relación simbiótica. Sin embargo, ¿tiene una relación simbiótica que ser siempre mutualista?

Proceso de creación de mitocondrias y cloroplastos

Tipos de simbiosis: desde el mutualismo hasta el parasitismo

Lo cierto que es que no, no todas las relaciones simbióticas serán beneficiosas para ambas partes. Si bien es cierto, conocemos claros ejemplos de carácter mutualista en el cual ambos organismos obtienen un beneficio. Sin ir más lejos, uno de los casos más conocidos es el de la microbiota intestinal –por favor, no digáis flora intestinal, que en el intestino no hay flores–, donde las bacterias que nos ayudan a digerir sustancias mientras que nosotros les proporcionamos un hábitat. Otro caso similar sería el origen de las células eucariotas y la consecuente formación de orgánulos como las mitocondrias y los cloroplastos, lo cual explica excepcionalmente la Teoría Endosimbiótica de Lynn Margulis.

Sin embargo, también encontramos ejemplos donde una de los organismos se beneficia, mientras que el otro sale perjudicado. Este caso es el del parasitismo, el cual encontramos reflejado en relaciones como la de la tenia y el intestino de algunos mamíferos. Es más, el parásito se especializa para poder vivir de esta forma dentro del organismo hospedador. Incluso algunas teorías sugieren que los virus provienen de una hiperespecialización de organismos simples con comportamiento parasitario.

Aunque menos estudiadas, también podremos encontrar relaciones de comensalismo, donde uno de los organismos se beneficia a costa del otro sin que le suponga ni perjuicio ni beneficio. Así que, definitivamente, podemos establecer que simbiosis no siempre es sinónimo de mutualismo.

La metáfora como recurso y sus confesiones nocturnas

Querido lector, como ya te avisé, la conclusión de hoy no iba a ser un apartado al uso, ni una síntesis informativa del artículo que nos ocupa. No. Lo que hoy espero, y necesito, estimado lector es que compartas conmigo esta visión cansada desde la que te escribo. Esta nocturnidad profana que me acompaña, y pensar, como muchas veces ya habrás pensado, en el misterio de las relaciones. Simplemente las relaciones, sin apelaciones ni apellidos, sin connotaciones ni sentidos. Entendernos en la simbiosis de un todo, y comprender, que a veces seremos mutualistas y muchas otras parásitos.

No sé muy bien a qué aspecto de la vida aplicar esta metáfora. Ni tampoco si esto que digo tiene algún sentido. Tan solo espero, que vosotros, como yo, sigáis formando parte de esas relaciones que constituyen la biosfera. Así que os espero en el siguiente capítulo, para seguir descifrando juntos los enigmas de la vida.

Bibliografía:

  • Begon, M., Harper, J. L., & Townsend, C. R. (1986). Ecology. Individuals, populations and communities. Oxford: Blackwell scientific publications.